Aprender de quién aprender

Por lo general suelo dejaros aquí puestos algunos tips o trucos para mejorar las fotos, para darles profundidad o para hacerlas visualmente más atractivas. Me he permitido el lujo de enseñar todos estos trucos no sólo porque crea que en esas cosas concretas tengo bastante experiencia, sino porque, en el fondo, os doy unas herramientas muy básicas y dejo el trabajo duro en vuestras manos.

Durante bastante tiempo, en mi largo aprendizaje en la fotografía, he ido aprendiendo de consejos de otros o me he inspirado en el trabajo de otras personas, diciéndome a mí misma “tengo que conseguir hacer algo así” y he probado hasta la saciedad para aproximarme lo máximo con mis propias herramientas, quizá, simplemente, para darme cuenta de que podía hacerlo.

Hace muy poco, un joven fotógrafo me pidió mi opinión para una de sus fotografías, me dijo que quería la opinión de alguien con conocimiento, alguien que supiera que  le daría una opinión bien fundamentada y eso me hizo pensar.

No suelo meterme en lo que hacen otras personas, más concretamente otros fotógrafos, ya que creo que cada uno es muy libre de hacer lo que quiera, pero sí que últimamente estoy un poco quemada con algunos temas y uno de ellos es en el que voy a centrar esta entrada.

Muchas veces nos dejamos llevar por una imagen, por un bonito discurso, por una persona o varias personas que constantemente nos inundan con sus progresos, con los halagos de unos y de otros, con exposiciones y con mil cosas más que hacen que nuestro buen juicio se nuble y, a menudo, llega a nuestra cabeza el pensamiento de “no sé, aunque yo no vea que sus fotos están bien, si le halagan tanto es que igual es más buen@ de lo que yo pienso” “quizá lo que a mí me parece que está mal en esta foto, no esté mal, puede que yo no entienda lo que ha hecho”. Tendemos a olvidar nuestro instinto y a desconfiar de nuestro ojo cuando hay una persona que desarrolla un halo de “artista incomprendido/moderno/contemporáneo/rompedor” y ese es el inicio de nuestro error.

Nos dejamos deslumbrar por un camino de aprobación, una aprobación que no sabemos realmente de dónde viene ni a qué obedece, pero la aceptamos como genuina automáticamente porque consideramos que es algo que nos gustaría tener a nosotros y que… ¿Quién va a engañar a la gente con esas cosas, si es tan inmoral?

Y si la cosa se queda ahí, no pasa nada, porque al fin y al cabo cada uno es libre de presumir o de darse palmaditas en la espalda o vender una imagen de sí mismo que no es fiel a la realidad, el problema viene ahora.

Muchas de estas personas, que muchas veces consiguen sus halagos por amistad, por feedback o porque han vendido más su imagen personal, de su propia vida, que su buen trabajo real han creído que realmente saben lo que hacen (que a veces es verdad y a veces, no lo es) y empiezan a dar talleres, cursos,, seminarios… y muchas veces piden dinero por ello.

Nos encontramos ante una estafa, realmente es una estafa y puede ser profundamente contraproducente y dañino para nuestra propia obra fotográfica. Muchas veces encontramos a personas que dan talleres de lo que desconocen, de algo que no saben hacer y dan charlas que no hacen más que confundir a los alumnos y mandarles en la dirección incorrecta, que es, enseñar a la gente a cometer sus mismos errores.

Creo que es prudente desconfiar de los talleres, charlas y seminarios de fotógrafos que no estén realmente validados por lugares serios, que tengan estudios de fotografía en grandes escuelas, que sean realmente avalados y apreciados por lugares y personas de renombre y que tengan una larga trayectoria de trabajo en fotografía que sea de calidad, y una calidad realmente apreciable más allá de los gustos.

Esto quiere decir, es normal dejarse deslumbrar por palabras bonitas, personalidades intensas y simpatías personales. Uno puede dejarse deslumbrar por cualquiera. Hay personas que saben hacerlo muy bien. No importa que puedas seguir la obra de fotógrafos que sepas que realmente no hacen el mejor de los trabajos pero que veas su esfuerzo o simpatices con su manera de ser y de expresarse. Pero hay que aprender de quién aprender.

Hay que saber que aunque alguien haga un trabajo titánico para darle más fuerza a su obra o para expresar su personalidad, no quiere decir que sepa enseñarte a ti cómo hacerlo y cómo hacerlo bien. Que no es bueno encasillarte en los errores de otros, porque, al final, lo único que se consigue es acumular errores y porque, no es bueno que alguien nos meta en su fotografía, al fin y al cabo, este tipo de personas, hace una fotografía muy concreta y enseña a que TÚ acabes haciendo algo muy parecido a SUS fotos y cada uno ha de buscar su propio camino.

Aprende pequeños trucos de fotógrafos más sinceros, que no te vayan a prometer la luna, sino que pretendan darte las herramientas para hacer tu propia escalera y subir a por la luna si quieres. Nadie va a darte la clave del éxito. Nadie va a transformar tu fotografía al nivel que te gustaría, porque tu imaginación está sólo en tu cabeza.

No pagues nunca por “clases de autor” cuando el autor aun no se ha ganado ese título.

Si estás empezando, invierte tu tiempo en aprender la base, a conocer el trabajo de MUCHOS fotógrafos, inspirarte y crecer poco a poco al ritmo que tú prefieras.

No os dejéis embaucar, herramientas sí, egos no.